Ahora todos los padres se llevan las manos a la cabeza y ponen el grito en el cielo. Sus hijos y alumnos han suspendido y resulta que no saben resolver problemas matemáticos sencillos, no tienen un buen dominio de las técnicas de lectura y, además, fallan en ciencias. ¡Menudo futuro!
Pero este futuro no se viene construyendo de dos días a esta parte. Este futuro viene en construcción desde hace tiempo. Se viene construyendo desde que en la sociedad actual existen personas que dicen que estudiar es fácil, desde que por una mala entendida igualdad hemos querido darles a todos lo mismo, y lo mismo no sirve para todos, porque cada uno tiene sus necesidades, sus intereses, sus expectativas, sus deficiencias, sus excelencias,… Un sistema educativo es algo complejo, y las personas implicadas en él son muchas.
Por un lado, en el centro, los alumnos, ellos son los primeros protagonistas de la formación educativa; por otro lado los profesores, verdaderos factores del cambio educativo y de la calidad de la educación, su formación, dedicación, implicación y serán en todo momento piezas claves para el buen funcionamiento del sistema; en otro plano, los padres, primeros educadores de sus hijos, no sólo preocupados por ellos en lo referente a lo material, sino más preocupados aún por sus necesidades formativas, educativas, morales; sin olvidar, y por último, la propia administración, sea ésta la que sea, que tiene que ser la que ponga todo su esfuerzo unificar a estas personas que intervienen en la educación, debe favorecer movimientos educativos de calidad, le corresponde poner el dinero y dotar al sistema educativo de la calidad que en un país como el nuestro debe tener.
Todo el esfuerzo que hagamos profesores, padres, administración, alumnos, por mejorar la calidad de la educación nunca será un esfuerzo en vano, al contrario, con el tiempo se recogerán frutos interesantes e iremos consiguiendo elevar el nivel cultural de España con las enormes consecuencias, siempre positivas, que esto tiene.
Pero, ¿qué podemos hacer en realidad?, ¿qué se puede hacer para mejorar esta situación lamentable en la que todos tenemos parte de culpa? Primero concienciar a todos los miembros del sistema educativo. Los padres no pueden decir que esto es culpa de la administración o de los maestros y profesores, la administración no puede decir que de esto tiene la culpa el pasado o el bajo nivel cultural de nuestras familias, los profesores y maestros no pueden decir que otros (administración, padres,…) solucionen sus problemas, los alumnos tienen que sentirse centro de su aprendizaje e implicarse en él de forma activa con la ayuda de todos los miembros del núcleo educativo (padres, maestros y profesores y administración educativa). Todos tienen que formar un grupo compacto en el que corresponderse unos a los otros de una manera complaciente, crítica y formativa.
Pero si en realidad queremos tener una educación de calidad que ayude a nuestras nuevas generaciones a formarse y ser en el futuro los que originen el cambio social. Si de verdad queremos construir una sociedad más justa, igualitaria, solidaria, comprometida con los mejores valores morales; sólo nos queda el camino del compromiso y la autocrítica.
Compromiso no de palabras sino de obras, compromiso serio que se debe traducir en importantes mejoras presupuestarias para la educación que doten al sistema educativo de todas sus necesidades, que podamos disponer del suficiente número de maestros y profesores, que el sistema funcione con una planificación adecuada que le permita cumplir los objetivos para los que está diseñado.
Es necesario un compromiso serio de las administraciones educativas, una apuesta por la calidad de la educación que tiene que verse reflejada en lo económico, en una apuesta por la calidad del profesorado, al que hay que darle todo aquello que necesita para ejercer con dignidad su trabajo y no sólo hablamos de recursos materiales, sino de autoridad suficiente, salario digno.
No podemos olvidar el compromiso de los padres con la educación de sus hijos. No es cuestión de llevarlos a un centro educativo u otro, es estar pendientes de ellos, saber qué hacen, con quiénes van, cómo usan su tiempo libre. No es ya si quiera estar más tiempo con ellos, pero sí que el tiempo que estemos sea un tiempo de calidad; que sean momentos realmente educativos los que vivamos con nuestros hijos y enseñarles con nuestros conocimientos de la vida, con nuestro ejemplo, con nuestras actitudes, que lo importante es el esfuerzo, el trabajo bien hecho, que nada se consigue en esta vida sin trabajar a fondo, que los modelos que hoy nos venden los medios de comunicación son negativos para la sociedad, personas superficiales y materialistas que no aportan nada y que al final lo que queda siempre es la persona y sus valores.
Nada de esto se lo podemos enseñar a nuestros niños y jóvenes si no lo viven en sus casas. Nada de esto es posible si en los colegios y los institutos no están presentes los principios básicos del compañerismo, la solidaridad, la responsabilidad, el gusto por el trabajo, la satisfacción por el trabajo bien hecho.
Pero, aún más, si de verdad queremos que cambie nuestro modelo educativo debemos esforzarnos todos por conseguir un pacto por la educación. El núcleo educativo esta disperso y se centra en mandar a las espaldas de los demás las dificultades con las que se van encontrando sin tener la capacidad y los medios suficientes para afrontar el problema de cara. Debemos ser consecuentes y dejar la educación en manos de los especialistas y trabajar todos en la misma dirección para que nuestro sistema educativo, el que define no sólo nuestro modelo de educación, sino también, nuestro modelo de sociedad, sea un sistema compartido por todos, en el que todos nos sintamos integrados y con el que todos nos sintamos comprometidos.
